REBUSQUE, MINUTO A MINUTO.

mar/25/2008


“Cada minuto que dejo de vender, es dinero que deja de entrar en mi bolsillo para alimentar a mi familia”, esta podría ser la síntesis de los lemas en los Departamentos de Ventas de muchas de las grandes compañías del mundo; paradójicamente esto no lo dijo un Gerente comercial de alguna de ellas, ni siquiera su vendedor estrella, esto lo dijo Javier Macias, uno de los miles de colombianos que ante la carencia de oportunidades laborales viven del rebusque, en este caso, de la reventa de minutos a celular.

En la vida del rebusque un minuto tiene precio. Para Javier y para el resto de hombres y mujeres que encuentran en este oficio una chance de hacer de sus vidas y la de sus familia un ejemplo de vida un poco más digna de lo habitual, oscila entre 100 y 300 pesos, este es el precio que aparece en aquellos carteles luminosos que vemos por las calles al pasar, este es el precio que ignoramos, este también es el precio de sus vidas, ese mismo que solo se sujeta a la necesidad de los demás de hacer tan solo una llamada.

Javier, es un hombre que a sus 42 años inicia su jornada diaria desde las 5 a.m., se baña siempre con premura pues él más que nadie sabe que el tiempo vale, se viste y mientras se prepara su tinto ayuda a doña Eunice a vestir a sus dos hijos Yurle y William de 11 y 13 años respectivamente, mientras camina en la oscuridad hasta al lugar donde siempre toma el bus, sabe que su vida se encuentra en parte a merced de la noche, pues siempre es la que ofrece el escenario perfecto a cualquier ladrón que intente seguir siendo parte de la noche, alumbrado con el más potente de los reflectores estampado en el cielo, /// que luego toma un bus que lo conduce al centro de la ciudad, a lo que el llama su oficina, la Avenida Venezuela, es el sector que este personaje con pinta de deportista pero de cuerpo escuálido y larguirucho utiliza para trabajar.

Javier desde los 16 años de edad se deicó a trabjar cargando bultos en el mercado de getsemaní luego en el de Bazurto se retiró de este negocio por los insoportables dolores de espalda que venia padeciendo, por fortuna encontro en el negocio de las telecomunicaciones, un trabajo que para el requiere de menos esfuerzo físico,además siente que comparte más tiempo con su esposa y sus hijops y que representa más utilidades para él y su familia, “aunque la jornada sea más larga se hace un esfuerzo menor, uno se asolea menos, se comparte con la familia y se gana bien, por lo menos ahora puedo decir que en mi casa no hace falta la comida diaria, ahora tengo así sea para la comidita...”.

Javier al igual que muchos revendedores de minutos fue víctima de la persecución por parte de las autoridades apoyadas en las presiones ejercidas por parte de las empresas proveedoras de este servicio al Ministerio de Telecomunicaciones, ya que estas consideraban este negocio como ilegal.

Esta claro que en muchas ocasiones cualquiera ha tenido la necesidad de hacer una llamada a celular y ante la carencia del suficiente dinero para comprar una tarjeta prepago o simplemente porque en realidad resulta muchísimo más económico acceder a este servicio desde un revendedor como javier, para hacer uso de este sistema.

¿Es acaso competencia desleal el hecho que salga más barato comprarle un minuto a un revendedor, que en últimas es un usuario legal y que paga sus facturas, que directamente a los operadores?, para Javier no, ni para muchos cartageneros, que consideran que la falta de empleo ha llevado a los colombianos a buscar alternativas en el marco de la legalidad, para mantener a sus familias.

Lo que si es de doble moral, e irónico es que estas empresas como Telefonica, Tigo y Comvcel inunden los mercados con planes de telefonía propicios para este negocio y luego los persiga,
En agosto de 2006, La Comisión Sexta del Senado de la República decidió suspender el decomiso de los aparatos celulares y la cancelación de los servicios que se venían adelantando en las diferentes ciudades, por concepto de la supuesta ilegalidad, excepto cuando se compruebe que están siendo utilizados para cometer delitos o hagan parte de un proceso penal, desde entonces Javier y miles de colombianos en el país a pesar de que no cuentan ni con pensión, ni con seguro, ni con cesantías pueden mantener legalmente a su familia de manera digna y honrosa y otros miles pueden comunicarse de manera efectiva y más económica.


Por Carlos Flórez Ramírez

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